Taty Almeyda eterna: Las locas seguimos de pie
Fue una referenta imprescindible de las luchas en las que se pone el cuerpo, la voz, la vida entera al servicio de la militancia, de la verdad, de la justicia y de la memoria. El pueblo argentino nunca va a olvidarla y los feminismos van a honrarla con su legado. Por Euge Murillo- Las locas seguimos de pie, era la frase recurrente que Taty Almeida decía desde su silla de ruedas o sostenida por el bastón, en esas palabras había una advertencia, un reto y una declaración de lucha, algo que los feminismos locales supieron tomar y hacerlo cuerpo desde siempre. Locas de rabia, locas de dolor, agregaba intentando ubicar a las mujeres, si habrá comandado esta Taty a mujeres desobedientes, no hay hay feminista que no relate en la genealogía de sus militancia la insistencia de las madres y sus rondas, la búsqueda incesante por justicia, la salida de la casa para estar en la calle, el duelo colectivo como herramienta de lucha.
Taty, de pie, venía sosteniendo la responsabilidad que le cabe a las últimas.
Madre
y maestra, el 17 de junio de 1975 su hijo Alejandro secuestrado y
desaparecido por la Triple A, ella llevaba en el lado del corazón un
prendedor con su foto y el pañuelo blanco. ¿Que sería Taty si no se
hubiera cruzado con las otras locas que dieron esa lucha inclaudicable
abriendo camino y dejando un legado impregnado a la piel militante de
este pueblo?
Es la misma pregunta que se hicieron muchas pibas que
encontraron compañeras a las que les estaban pasando cosas parecidas,
con la violencia machista, con los abusos. ¿Qué hubiese sido de mí si no
me hubiera encontrado con otras? ¿Qué sería de muchxs si no se hubiesen
topado con la desobediencia y la insistencia, con el dolor compartido,
con la calle como herramienta política? Ese es el tesoro que tuvieron
las madres y las abuelas al cuidado de las pocas que quedan, la orfandad
no tiene metafora, el pueblo se esta quedando sin madres.
"El legado
está garantizado", dijo Taty en una de sus últimas apariciones públicas
el 24 de marzo, a 50 años del golpe militar. Sebastian Freire
“Aquí
estoy. Soy una madre”Así se definía en una entrevista en 2017 cuando
recibía el Doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional de Córdoba, y
contaba con orgullo qué sentía cuando se ponía el pañuelo blanco en la
cabeza. Y qué dificil no ver el vínculo tan preciso con los pañuelos
verdes de la lucha por el aborto y violetas feministas en mochilas y
muñecas en esa misma época de revuelta feminista post Ni Una Menos, fue,
de hecho a partir del 3 de junio de 2015 que se habilitaron nuevas
identificaciones con el feminismo y se produjo una masificación que
interpeló en todos los ámbitos de la vida. Así mismo, las Madres y
Abuelas llevan 50 años como significante central en la lucha militante
por la “la memoria, la verdad y la justicia” y contra los gobiernos
neoliberales desde el regreso a la democracia.
Taty, las madres y las
abuelas supieron cómo conectar con una fibra social y una vez adquirido
ese conocimiento lo pusieron a disposición: ‘Cuando estén caídos o
cansados, repitan y digan bien fuerte: ‘Si las madres pudieron, por qué
no, nosotros’”, decía al final de sus programas de radio, sin usar el
inclusivo. Acaso ¿importa? ¿qué tanto más les vamos a pedir a estas
viejas que entregaron su vida por sus hijes?










